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¿Donde comienzo? En un trabajo mediocre y sin futuro a la mitad de Diciembre. A diferencia del resto de mis compañeras no obtendré la codiciada comisión del 1% por cada venta, no tengo que destrozarme para seguir aquí, mi condena termina el mismo día que el año. El botín me espera afuera, lejos, a orillas del Golfo: amor puro y alcohol destilado.
Universidad, mi casa; en las bocinas de los vendedores ambulantes suena Alberto Vázquez, familiar y sesenterisimo; Balderas tan atascado y confuso como siempre; Merced, con el inconfundible olor a mercado; San Lázaro por fin, un salto podrá no llevarme hasta la orilla pero si a la chingada. Para cenar: pizza.
Durante 7 horas de viaje, los contornos de las cosas son inciertos, son vibrantes, son manipulados por el temblor de la cansada maquina que ha de llevarme al sueño. El clima va cambiando poco a poco y a lado mío una voz recuerda siempre el desmadre del ritual. La luz neon esta a nada de seducirme, pero el sueño es mas profundo y mas alegre que la negrura de esta luz.
Las calles están llenas de paz, de serenidad, de la humedad del mar y del frío de las tres de la madrugada. Taxis y reinitas-reinitos ofrecen sus servicios sin conseguir nada. La noche es una larga caminata hasta el malecón, es ver y no creer que estoy en Veracruz, porque no supe como pero de algún modo cambie de tiempo y espacio para venir a situarme al Noreste de mi clásica geografía.
El agua del puerto hiede, además de a aguas negras, a mar, al oxidado metal de los inmensos barcos y a recuerdos podridos escondidos bajo la arena. Las cinco de la mañana es el momento mas frío en donde sea, pero no aquí, aquí me dormí.
Es una pesadilla y en ella, las tuberías emanan agua tibia, las luces de una ciudad preñan las sombras y mi voz de una sentencia suicida: “a ver que pasa”… y así llego lo que nunca quise siquiera imaginar: el vacío de mi mente representado en la oscuridad total, una sola masa negra en la que no se distingue agua de aire o tierra de mar, un flotar en la nada hasta el punto en que mis sentidos dejaron de percibir el mundo y empezaron a recorrer el universo dentro de mi.
Solía creer que la luz disipa los miedos, pero descubrí que en ocasiones lo engrosa, lo fortalece al mostrar que en la oscuridad hay algo a lo que invariablemente debo temerle, es este el caso. En donde debería estar el horizonte danza una luz en círculos, baila con las nubes, con las olas y con el infinito de la noche y al llegar a mi me abraza tan solo por un segundo. Su abrazo es cálido pues ilumina el vapor que flota en el aire y refleja su brillo en la calma del agua.
El sol va dando forma a la circunferencia de la tierra, purifica el mar y el cielo con un color blanco va purgándome del terror que invadió mi cuerpo con su temblor. El blanco se vuelve gris y azul mientras la luna agoniza en secreto tras una espesa cortina de nubes blanquecinas y furiosas.
Frío, hambre, sed, cansancio, sueño y dolor: uno no llega sin traer consigo al otro. Por eso un viaje al centro, buscando el “Amparo” de un lecho que me regalo 3 horas de sueño que mis neuronas atesoran como oro, mientras las imágenes escupen sonidos que no se conectan entre si, sonidos que me madrean antes de perder la conciencia en este reparador sueño.
El tiempo se derrama sobre la arquitectura de la cuidad, esta por cada calle, cada avenida y es el tiempo mismo el que llena la fila de aliados, de impaciencia y de sol que provoca sed, de esa sed que solo una chela calma, satisfecha esta parte del instinto, regresamos al hambre, esto amerita camarones, camarones en caldo… para pedirlos es necesario tener en mente mi estomago y ninguna otra cosa.
Guadalajara, Aguascalientes, Chiapas, Jalapa, Puebla, D.F., Toluca, Cuernavaca, Tijuana, Orizaba, todo se funde aquí, donde el chaman convoca a la ceremonia, donde la vecindad se convierte en hermandad, donde a media tarde el alcohol comienza a correr en cantidades poco menos que industriales, haciéndome creer que es posible controlar esta tos con sus mágicos y medicinales efectos… ilusa de mi que a cada instante pierdo un poco mas de voz.
Desde adentro, escapa la maldita utopía de la vecindad, mientras yo, aquí afuera, pateo todo lo que se me ponga enfrente impulsada por una doble desesperación: la sospecha de pronto enraizarme en la banqueta mientras Orión me ilumina el momento y la del terror de mi propio silencio, escudriñar e imaginar no una noche sino una semana o un mes de esta soledad, de este dolor, de este silencio forzado, de la incontenible rabia de la incomunicación.
La bruja hechiza desde la cima del mundo, exige que todos sus demonios sean vistos y escuchados, pero para quienes el embrujo nos llego hace años, es confirmar que se me destroza el alma si no obedezco, que la fuerza no es suficiente para negarme, que es el deseo lo que me mantiene aquí y es esta certeza la que me pone el llanto a flor de piel cuando una aullido me dice o me recuerda “mátame porque me muero”. Llore un llanto tan amargo que no podré olvidar jamás su sabor que mezclaba los recuerdos de una agonía y la agonía de mi olvido.
De adentro la noticia que llegan es que la banda abandono las gradas a las que estaba confinada e invadió la cancha de grueso pasto y fino polvo rojo. El olvido no se busca, algunas veces ni siquiera se permite pero a pesar de todo se tiene, tarde que temprano te ves envuelto en su manto viejo y roído, es entonces, y solo entonces cuando tu presente y tu futuro dependen de ti mismo porque el pasado ya esta demasiado madreado.
Las puertas traseras suelen pensarse infranqueables, pero siempre hay maneras de “negociar” con quienes están detrás de ellas, una es tomar hasta perder la razón, no así el piso y salir corriendo al idilio sin importarte un cacahuate lo que pueda pasar si te agarran, esto es seguro un 90% de los intentos; la otra manera depende de la primera y hablar con los guardias “oye, se me perdieron unos amigos allá adentro, ve a sacarlos”… “somos 10, te damos $20 por cabeza”, “$300 y los dejo pasar”, “pues nomas juntamos $250, ¿Cómo ves? Ya va a terminar, danos chance”… “orale… pero sin correr”.
Seductor el asunto, en cuanto cruzas las puertas, estas en otro mundo, este al que pertenezco: las luces disparan sus rayos en todas direcciones; los colores se vuelven más vivos; los olores son remplazados todos por uno solo, el del humo del espectáculo; las figuras, nítidas, vuelven al rictus de lo sagrado, como cada piedra; mis ojos contemplan ángeles que nunca merecí.
Embelezada por completo, gesticulando mis labios sin voz, mirando por encima de las cabezas y sus mundos, sin saber como, llega a mis manos la áspera tela de la manta que se lee “ritual del pe-rro, Cuernavaca, Morelos”… Kefren me va a excomulgar, pero eso pasa cuando me juntas a mi con los desmadrazos estos, cuando mi perturbada razón va mermando hasta ser parte de una masa sin lógica.
Esa noche bebí suficiente de tu esencia que se derramaba sobre todo y todos, esa noche sane mi alma con la música que me penetro por cada poro de la piel, esa noche me bastaría como alimento hasta mi muerte si ese día fuera hoy, esa noche las palabras me envolvieron en una esfera sin oxigeno, esa noche caí en la cuenta de que no soy sino parte de la ficción de Dios.
Eufórica, adrenalínica, apasionada, muda, madreada, sucia y hasta la madre de cafeína como estoy, salgo a la noche entre todo tipo de publico que no vale la pena tratar de clasificar. Por ordenes de mi ángel regreso a la cama, a bañarme y a dormir para esperar el milagro de poder pronunciar algunas palabras al siguiente día, mientras Black Sabath salta de un cable a la pantalla de televisión.
Abandonamos el puerto a la una de la tarde, antes de que nos alcanzara la lluvia y suficientemente a tiempo para que nos acompañara hasta la mitad del camino. Contemplo el mar de fondo, tras la grisácea ciudad y fundiéndose con el blanquecino cielo y alucinando la gloria. Otra mañana sin excepción, sin desayunar como acostumbro, es esa la única forma de asegurar que devorare con vehemencia cada detalle que la vida me brinde en cualquiera de las circunstancias que se avecinan.
Ya en Xalapa, nada mejor que evangelizar uno de los barrios mas pesados de la ciudad, Casa Blanca. Si ayer éramos al rededor de treinta, el nuevo dia, hoy, promete un abasto de aliados mucho mayor, una dosis de suspenso igual o peor que la ya administrada, un suministro de alcohol mucho más cabrón: Caña. “La bebida de los dioses jarochos”… “y eso que no encontramos ‘Chachalaco’”.
Pasamos por todo: sal en pequeñas bolsas que parecía otra cosa; cihingar a “Sangre Jaguar”, nativos de Jalapa; la bandera de México profanada por las firmas de todos; una de mis rolas favoritas de “No Doubt” acompañada por Alfonso en la batería; broncas “intra-maritales” de todo tipo, incluyendo a terceros; sentarnos en la tierra, todos juntos para aminorar el frío y cantando a Juan Gabriel pa olvidar las heridas amorosas; unos Xalapeños que llegaron a agandallar y que nos superaban en número… puercos llevando perros que se rumora no comen perros pero seguro si masticarían algunas Auroras.
“Ser Cortés no quita lo Cuahutemoc“, pero es cosa del empresario y en sus planes no esta darnos chance de pasar pero en los nuestros no esta quedarnos a fuera, ni medio concierto, no otra vez, es aquí donde se mide la diferencia entre los poderosos y el resto del mundo para quienes los anhelos y los deseos son llevados mas allá de la estratosfera, a fundirlos con el sol e iluminar con ellos el universo.
No se si de contrabando o que, Uriel sale a contar, somos una larga fila de ¿32? Tal vez más, pero algo es seguro, los ánimos allá afuera se calentaron al vernos entrar, tanto que mientras la maldita toca su ska guapachoso altamente toxico poscontagioso y bailable, salta cerca de la carpa-camerino un petardo, que mire volar de un extremo a otro y que al estallar irradio un brillo amarillo que sentí, me dejo un hueco en el estomago, los ojos bien abiertos y me robo el sosiego, ya no creo en la luz.
Las primeras 4 canciones las pase deslizando mi cuerpecito entre la multitud, mientras ellos saltaban yo me empujaba hacia adelante, me refugie en la complejidad de la maniobra (que requiere de codos, rodillas, movimiento de tobillos y el aguante de los estúpidos de mis hombros, sin mencionar respirar el aire de arriba, nunca el de abajo, que sube como vapor ardiente, con todo lo que esto implica), para no llorar otra vez la historia del buen Tin Tan y su amada Satanela, para pasar des apercibida en la oscuridad de mis recuerdos.
“Derritete” me dio la oportunidad de ocupar tu horizonte por un momento, de mirarte de frente de nuevo, de olvidar todos mis miedos, de encontrar la verdadera luz en tu mirada, de tener la certeza de que sabes que estoy aquí, de seguir contigo siempre, de regalarte mis venas, de ver claramente el camino que me señalas, el único camino correcto: yo.
“Mejor será”, ya lo se, es siempre para ti, es para adentro, pero no es necesario voltear al mundo de cabeza para entender que te regalo mis ojos si los quieres. No necesito nada más que tus ojos buscándome entre miles de rostros, no quiero nada más que seguir bailando al ritmo de la batería, no puedo nada más que escuchar una poderosa guitarra haciendo eco en el fondo de mi cráneo, no tengo nada más que mi alma para darte y quedamos a mano.
Las canchas de Casa Blanca abastecieron a la banda con las que creen son buenas armas para hacerme desistir de estar aquí arriba: piedras. Me apedrearon, me gritaron, me jalonearon, me aventaron de todo (incluyendo un chicle en el pelo, bonito regalo) pero nada pudo evitar que “La Celula” me elevara al aire puro y me recorriera la espalda junto con algunas chispas eléctricas.
Sigo sin voz, sigo con una expresión de desesperación en el rostro, sigo pensando que no vuelvo a ser la misma nunca, sigo mintiéndome y jurando que el cielo entiende de mi obsesión. Me voy yendo al fondo de la tumba con la sonrisa del pecado en los labios, con el arrepentimiento del santo en mis ultimas palabras, con la satisfacción de haberme ganado el infierno con todas sus letras.
Nos vamos a ver si encontramos donde dormir, con un taxista cumbiara “pipipipipi…”. y mejor acostumbrarme, la calle siempre sabe más que yo, sobre todo cuando se trata de donde dormir, porque es benévola, nunca nos niega una banqueta o unas escaleras para sentarnos, un poste de luz o teléfono para recargarse, un poco de pasto en los mejores casos para tirarse, un bar con karaoke para animar un poco el ambiente, un oxo pa los tabacos o una central de autobuses para refugiarse.
A las 4 de la madrugada sale el autobus, a las 6 ya me estoy durmiendo, a las 7 mis ojos se abren de frente a un amanecer que incendia la tierra con un color naranja impresionante pero el sueño pesa más, a las 9 estoy ya en la TAPO, donde me espera mi limusina naranja con chofer y toda la cosa, ¿Quién como yo?
¿De donde salio todo esto? ¿Cómo seria posible licuarlo todo? ¿a quien se le ocurriría tragárselo, indigerible como es? ¿y si fuera a mi, no me daría por vomitarlo a los cinco minutos? ¿no tendría primero que dejar de distinguir entre pasado, presente y futuro y solo dejarme llevar por la vida?
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